CRECIDA EN EL BARRANCO DE LAPAZOSA 

Descripción del incidente:

El 18 de Agosto de 2002, durante un encuentro de Barranquistas en los Pirineos celebrado en Ainsa, un grupo de diez personas decide realizar el descenso del barranco de Lapazosa situado muy cerca de los límites del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

El barranco de Lapazosa es un barranco con una dificultad 3-4 sobre una escala de 6 (según la escala propuesta por Eduardo Gómez en sus guías de barrancos). La estimación del tiempo necesario para el descenso según las guías está entre 3 y 4 horas. El barranco consta de dos partes bien diferenciadas, separadas por un caos intermedio: la primera parte es bastante encajonada y la segunda transcurre por una zona más abierta y boscosa en la que se encuentra un rápel sobre una gran rampa de roca de unos 60 m. En la página de reseñas de Huesca se encuentran varias referencias del barranco y su croquis.

Entre los diez miembros del grupo, cinco de ellos tienen un buen nivel técnico y experiencia y los otros cinco son personas que poseen menos experiencia, incluso uno de ellos es la primera vez que desciende un barranco. El tiempo meteorológico parecía estable, aunque durante los últimos días se habían producido varias tormentas por la tarde que habían afectado a diferentes zonas.

El descenso lo inician a las 13:00 horas. La progresión es relativamente rápida a pesar de lo numeroso del grupo, gracias a que los más novatos se mueven con soltura y a la utilización de cuerdas de 60 m. que permiten agilizar los rápeles.

A las 15:45 llegan al último rápel de la zona más encajonada antes del caos de bloques que precede la segunda parte del barranco y a la rampa de 60 m. Comienza a llover débilmente, con los típicos goterones de las tormentas de verano. Una vez que consiguen llegar al caos, la lluvia aprieta y comienza a caer una fuerte granizada. El grupo se refugia en unos bloques en los que permanecen unos 15 minutos esperando a que la tormenta amaine.

Una vez que la lluvia cesa, continúan con el descenso. Todo parece normal, sin una apreciable variación del caudal. Ya se encuentran cerca del final a expensas de descender la gran rampa de y un par de rápeles más para acabar el barranco. 

Aspecto inicial de la cascada desde la cabecera del rápel.
Foto: Hilario Ubiedo

A las 16:30 aproximadamente llegan a la gran rampa que instalan con cuerdas de 60 m. que les permiten el descenso de una sola tirada. Descienden cuatro de los miembros del grupo. Mientras desciende el quinto de ellos, los otros cinco que quedan en la cabecera del rápel anuncian a voces de la llegada de una gran crecida en el río al comprobar que por la cascada inmediatamente anterior al caos que precede a la gran rampa empieza a bajar repentinamente un caudal impresionante. Rápidamente, uno de los miembros con más experiencia manda al grupo fuera del cauce en la cabecera, mientras que él permanece anclado, haciendo indicaciones por gestos al que desciende de la gravedad de la situación. El agua llega a cubrir la instalación de cabecera. Mientras tanto los que ya han descendido la gran rampa buscan cobijo fuera del cauce.

La cascada en plena carga.
Foto: Hilario Ubiedo

La persona que se encuentra descendiendo acelera el rápel. Poco antes de que llegue al final una gran tromba de agua surge definitivamente por la cabecera del rápel de la gran rampa. El nivel de la poza de recepción que tiene unos diez metros de diámetro aumenta un metro en cuestión de segundos. La tromba de agua arrastra también piedras y algún palo. La persona que estaba descendiendo acaba su descenso como puede y es ayudada a desanclarse por los que se encuentran ya abajo.

Aspecto inicial de la cascada desde abajo del rápel. Se observa a una persona descendiendo.
Foto: Miguel Ortega

 

Esa misma persona es alcanzada por la crecida pocos segundos después.
Foto: Miguel Ortega

 

Aspecto de la cascada en plena carga.
Foto: Miguel Ortega

Una hora después, el caudal parece estabilizado y se continúa el descenso
Foto: Miguel Ortega

El caudal disminuye, pero en tres o cuatro ocasiones intermitentes se vuelve a incrementar notablemente aunque sin llegar nunca a superar la tromba inicial.

Tras una hora aproximadamente, los que se encuentran todavía en la cabecera del rápel comienzan a descender a pesar de que el caudal es sensiblemente más alto, pero parece ya estabilizado. Todo el grupo ya reunido se dirige al siguiente rápel, al que se accede por un pasamanos. El rápel está impracticable y se encuentra cubierto por las aguas, por lo que optan por salir por un escape algo precario ayudados por la existencia de árboles y antiguos rápeles.

Tres horas después acaban el descenso sin “mayores” problemas.

 

ANÁLISIS DEL INCIDENTE

 

Aspectos que podemos considerar "positivos":

Material suficiente: La instalación del rápel en el que son sorprendidos es realizada de forma completa al llevar el material suficiente, permitiendo que no se tuvieran que detener a mitad de la rampa a reagruparse, recuperar la cuerda y proceder al montaje del siguiente rápel. La mitad de la rampa es una zona menos cómoda para un grupo tan numeroso y sin escapatoria.

Además, el grupo contaba con material de repuesto de instalaciones (cordinos, maza, burilador, spits, chapas y maillones) que, aunque no fue necesario su uso, podrían haber facilitado un escape mediante pasamanos, un desvío o nueva instalación de rápel.

Experiencia: Al tratarse de un grupo en el que el 50% de los componentes tenían suficiente experiencia permitió que, los más expertos estuviesen repartidos en la cabecera y al final del rápel con el suficiente criterio para evaluar la situación y apartar al resto del cauce, tanto en la cabecera como en el punto inferior. La serenidad de los miembros más expertos también contribuyó a manejar la situación con la tranquilidad que se requería.

Rapidez en las maniobras: La agilidad en el descenso permitió encontrar el contratiempo en la parte casi final del barranco con las ventajas de cara a un abandono que esta circunstancia aporta.

...y suerte: en ésta situación podemos considerar la suerte como un factor clave. La crecida sorprende al grupo en una zona ancha que permite una separación del cauce suficiente para no ser arrastrados por el aumento tan importante del caudal.

  

Aspectos que podemos considerar "negativos":

Meteorología: Supone un riesgo importante adentrarse en un barranco de esa envergadura con una cierta inestabilidad en el tiempo, máxime cuando se habían producido tormentas aisladas durante las tardes de los días inmediatamente anteriores, por muy dispersas que éstas hubiesen sido. En las zonas montañosas y especialmente en los Pirineos, se producen de forma bastante frecuente las tormentas veraniegas, mucho más habituales durante el mes de Agosto, debido a la importante condensación que se produce por fuerte calor de la mañana.

Hora de inicio: No es recomendable abordar un barranco pirenaico como Lapazosa a las 13:00 horas por dos cuestiones fundamentales: riesgo de tormentas por la tarde (ya comentado en el punto anterior) y por la poca disponibilidad de horas de luz que puedan ayudar a resolver cualquier contratiempo, bien internamente por los miembros del equipo o bien contando con ayuda externa. En muchas ocasiones oímos que determinado barranquista o excursionista fue rescatado “a primera hora del día siguiente”. La horas que transcurren entre el momento del accidente y “la primera hora del día siguiente” pueden ser trascendentales.

Grupo muy numeroso: El grupo que descendía podemos considerarlo demasiado numeroso, aunque la experiencia de muchos de sus miembros e ir preparados con material suficiente para agilizar el descenso, pudo paliar éste aspecto. No es recomendable el descenso de barrancos con grupos de más de seis personas y en caso de no ser así, conviene organizar subgrupos debidamente equilibrados entre miembros con más experiencia y con menos, como afortunadamente así hicieron en el grupo.

Subestimación del barranco: También podemos indicar que se ha producido una subestimación del barranco. Como explica José A. Ortega Becerril en su libro “Cañones. Manual de hidrología para barranquistas” cuando analiza el incidente, Lapazosa es un barranco de montaña con una amplia cuenca y pendientes elevadas. Además, los aportes de las lluvias de los días anteriores habían saturado relativamente sus suelos. Por lo tanto, cualquier aportación de agua se traduciría en una elevación directa e inmediata del caudal. Normalmente no se realiza un estudio de las cuencas de recepción de los barrancos y es un dato muy importante conocer como se ha demostrado en ésta ocasión.

 



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