Ficha 6.0


ANCLAJES

Nota importante:
Estos apuntes únicamente pretenden informar sobre el uso y colocación de los anclajes más conocidos y no deberían de ser utilizados como un manual sobre los mismos. Es necesaria e imprescindible una formación técnica sobre el material y su uso antes de proceder a utilizarlo. Un uso inadecuado o erróneo de los mismos puede derivar en accidente e incluso incurrir en causas penales

Dentro de las técnicas del descenso de barrancos, en el momento que hemos de recurrir a utilizar la cuerda como medio de progresión, el papel de los anclajes es fundamental. Llamaremos anclajes a todos aquellos sistemas que nos permiten fijar la cuerda en un punto para poder utilizarla para descender. Estos anclajes pueden ser diferenciados en dos tipos básicos, los naturales y los artificiales. Como anclaje natural citaremos los troncos de los árboles, puentes de roca o bloques empotrados y como artificiales, cualquier elemento clavado, empotrado o cimentado ajeno al medio. Estos anclajes artificiales son los mismos que los utilizados en la escalada y la espeleología. Hay que recordar que el descenso de barrancos nace de una conjunción de las dos disciplinas y por lo tanto, los materiales utilizados provienen de esas actividades. Su uso ha ido evolucionando casi paralelamente en las tres actividades. Los primeros descensos fueron equipados, aparte de con anclajes naturales, con clavos o pitones y buriles de la época, provenientes de la escalada y posteriormente con spits, utilizados en espeleología. En épocas más cercanas han sido y progresivamente son, en parte, sustituidos por materiales más duraderos y resistentes como parabolts y anclajes químicos, aunque todavía se pueden encontrar anclajes de los primeros en descensos poco frecuentados.

Anclajes naturales


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Anclaje natural sobre un tronco empotrado y
reasegurado con un cable de acero.
Anclaje bastante precario, ya que un tronco
que necesita refuerzo como el de la imagen
es como para no utilizar. Sería mejor instalar
otros anclajes, si es posible, que proporcionaran
una mayor seguridad.
Foto: Javier Rodríguez

Se considera un anclaje natural a cualquier elemento natural o existente en el medio encontrado en el cauce o fuera de él, que nos proporcione una forma segura de montar una instalación. Puede tratarse de un árbol o arbusto, un puente de roca o el formado por un bloque o un tronco empotrado e incluso un bloque en el cauce. Evidentemente tendrá que ofrecer una resistencia suficiente como para ofrecernos seguridad. El método será aprovecharlo utilizando una cinta cuerda o cordino con el que formaremos un anillo, anudándolo alrededor del elemento seleccionado. En el caso de una cinta, el nudo utilizado para unir la cinta será siempre el llamado nudo de cinta. Si utilizamos cuerda o cordino, podremos usar varios nudos de unión siendo el mas recomendable el de pescador doble por ser el nudo de unión mas resistente que existe (Ver Nota 1) . Si además añadimos una argolla o maillón al montaje facilitaremos la recuperación de la cuerda y no sólo eso, además evitaremos el roce de la cuerda con la cinta a la hora de recuperarla ya que esto deteriora la cinta hasta volverla peligrosa. Por tanto, es muy recomendable su uso. Existen, además, sistemas ideados para recuperar incluso el anillo que utilicemos como anclaje. Hay varias posibilidades como utilizar el llamado nudo de macramé o simplemente utilizar un sistema de rápel de cinta recuperable o alguna variante del mismo. No obstante, el uso de estos sistemas obliga a su perfecto dominio ya que conllevan algunos riesgos.

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Maillón y argolla
Recomendamos su uso en anclajes con
cintas para evitar deterioro de las mismas.
Foto: Miguel Ortega

Deberemos asegurarnos de que el anclaje ofrece la solidez necesaria. En el caso de tratarse de un árbol o arbusto, la cinta se deberá situar lo más baja posible, en la base del tronco, para evitar brazos de palanca innecesarios y peligrosos (Ver Nota 2). Siempre utilizaremos una cinta, cuerda o cordino para usar un árbol o arbusto como anclaje para preservarle de daños. Recomendable, y podríamos decir que obligatorio, es usar también un maillón o argolla para evitar deteriorar el anillo por el roce al recuperar las cuerdas.  Esto nos ayudará también a la hora de recuperar las cuerdas. El no usar el cordino, cuerda o cinta como montaje del rápel solo se ha de hacer en última instancia, cuando no tengamos más cintas o en caso de emergencia. La corteza de los árboles (y nuestras cuerdas) sufren mucho en caso de no ser utilizados. A veces podemos observar marcas en los árboles después de varias recuperaciones de cuerdas directamente pasadas por detrás del tronco del árbol. Deberemos evitarlo en la medida de lo posible ya que el árbol puede llegar a morir incluso debido al daño que se le produce.

Los maillones siempre deberán trabajar
completamente cerrados

Foto: Andrés Martí

Antes de decidirnos a montar el anclaje sobre un árbol, comprobaremos que el árbol está vivo y si no, que ofrece una seguridad suficiente, que no está podrido o rajado. Observaremos también el sustrato que lo soporta ya que a veces, no es suficiente debido a desmoronamientos de la capa sobre la que se asienta. En general, suelen ser muy buenos anclajes aunque no siempre situados en los mejores sitios. También la resistencia de ciertos arbustos como el boj o la sabina es notoria. Su madera es muy dura y troncos de relativo pequeño diámetro ofrecen una resistencia suficiente por encima de nuestras necesidades. De cualquier forma, si es posible duplicar el anclaje, como siempre, será mucho más seguro. La tendencia cuando se usa un anclaje natural es, en general, utilizar un solo punto de anclaje. Evidentemente a veces puede no ser necesario y tampoco factible el duplicar el anclaje, pero estamos rompiendo una norma básica de seguridad por lo que siempre deberemos evaluar la posibilidad de reasegurar el anclaje si lo consideramos oportuno.

Anclaje sobre un puente de roca natural
Foto: Hilario Ubiedo

Los puentes de roca son otro tipo de anclaje natural. Estos pueden ser naturales como los formados en rocas como la caliza al agujerearse zonas más débiles de la roca de forma natural o compuestos por rocas empotradas en fisuras o en el propio cauce o incluso los formados por troncos encajados de alguna forma.

Anclaje reasegurado mediante
la técnica de Abalakov
Foto: Andrés Martí

A veces, también podremos "construirlos" nosotros de diversas maneras, por ejemplo empotrando algún bloque en una fisura. En Estados Unidos, en ciertos casos, construyen puentes de roca artificiales utilizando una técnica usada en escalada en hielo llamada Abalakov, (inventada por Vitali Abalakov,  un escalador ruso), consistente en perforar dos agujeros convergentes en un punto y pasar un anillo por el mismo. Esta es una técnica desconocida prácticamente en nuestro entorno y básicamente impulsada en ese país al contar con un tipo de roca, la arenisca, muy habitual en ciertas zonas y que a veces no proporciona suficiente seguridad utilizando otro tipo de anclajes.

Anclaje sobre un bloque en el cauce
Foto: Miguel Ortega

Otro tipo de anclaje natural que podremos aprovechar son los bloques empotrados en el propio cauce o en grietas, siempre que ofrezcan la necesaria solidez. La técnica será la misma, aunque podremos utilizar también variaciones como fijar los anillos de cinta, cuerda o cordino mediante un nudo de ballestrinque o de alondra que evite que se mueva de su posición (Hay que tener en cuenta que el uso de estos nudos disminuye la resistencia de la instalación en el caso del ballestrinque un 50% y en el caso del nudo de alondra un 54%. Habrá que valorar si realmente es imprescindible su uso). Es necesario observar si existen aristas cortantes y en su caso proceder a corregirlas además de comprobar su perfecta fijación que impida que se desplace al someterlas a la carga de nuestro peso. Procuraremos hacer trabajar al anclaje en su dirección lógica de tracción, es decir, evitar que por algún movimiento extraño, el anillo pueda salirse de su situación con el consiguiente peligro que acarrearía.
Si utilizamos troncos empotrados, estudiaremos su consistencia y su imposibilidad de poderse desplazar al someterlos a una carga. Los rodearemos con una cinta o anillo anudado de igual manera y a ser posible, con una anilla o maillón para evitar rozamientos a la hora de recuperar.

En un nuevo descenso o poco realizado, que aproveche muchos anclajes naturales, a menudo encontraremos que las cintas no siempre están en el mejor estado. El tiempo, los rayos solares, las recuperaciones de cuerda con rozamientos entre la cinta y la propia cuerda (con la ausencia de una  anilla o maillón)  y los posibles golpes de piedras en las crecidas o cualquier otra circunstancia, pueden haber deteriorado los anillos hasta volverlos peligrosos. Siempre observaremos su estado. Ante la menor duda, es preferible cambiarlo o reforzarlo que exponerse a que se rompa. Podremos observar como signos de deterioro su excesiva decoloración, roturas o quemaduras visibles en su superficie. Revisar los anclajes es algo que siempre deberemos hacer cuando nos colguemos de un anclaje pero en el caso de los anillos, quizá con más motivo ya que son susceptibles de sufrir un deterioro más rápido que otros elementos utilizados como anclajes. Los nudos también deberán ser revisados. Aunque parezca mentira, a veces se ven nudos mal realizados que, quizá por simpatía, parecen haber aguantado a sus realizadores. Otra cosa que es observada a veces es que los nudos están muy apurados. Es necesario dejar un cierto margen de cabo, algo así como algo más de un palmo o más, en la realización de los nudos. Algunos, al apretarse, tienden a disminuir el cabo sobrante y si este es escaso pueden provocar que se deshaga. 

Un tema importante que muchas veces no es valorado es el ángulo de trabajo de los anillos. Un anillo debe de tener necesariamente un ángulo de trabajo menor de 60 grados. Al superarse este ángulo, las fuerzas ejercidas pueden llegar a ser peligrosas. Quizá es más fácil explicarlo con el ejemplo de dos anclajes. Si el ángulo de trabajo de una cinta que une dos anclajes es de 90º, sobre cada anclaje se estará ejerciendo una fuerza de unos 70 Kg. con un peso de 100 Kg. Si ese ángulo es de 140º las fuerzas ejercidas sobre cada anclaje serían de 150 Kg. En este trabajo de nuestro compañero Joan Rovira, podemos ver una explicación sobre esas fuerzas. Aunque en realidad está explicado como las fuerzas ejercidas sobre dos o más anclajes, el caso de una cinta rodeando un anclaje natural es similar y comparable. Además, en ese documento hay un ejemplo interactivo, aplicado en realidad a una tirolina, en el que sorprende el resultado obtenido variando los ángulos. Según el ángulo de trabajo, las fuerzas resultantes pueden ser enormes. Es algo a tener en cuenta, sin duda. La mejor forma es solucionarlo empleando cintas largas cuando utilicemos anclajes naturales o queramos unir dos anclajes de cualquier tipo.

Cargas resultantes en función del ángulo de trabajo sobre anclajes y cintas

Imágenes cedidas por PETZL por cortesía de Vertical
y extraídas del catálogo (o ficha técnica) PETZL.

Para ver la información completa referirse a dicho catálogo (o ficha) pulsando sobre la imagen

Anclajes artificiales

Dentro de este tipo de anclajes diferenciaremos varios tipos.

Diferentes tipos de empotradores
Foto: Miguel Ortega

Los empotradores son piezas de metal, generalmente aluminio, con variadas formas, que trabajan ofreciendo una resistencia a la extracción que impide que se salgan de su lugar de colocación al hacer tracción en una determinada dirección y sentido. Existen muchos tipos, de formas diversas e incluso algunos, de funcionamiento mecánico. Generalmente disponen de un cable de acero aunque en los tamaños grandes pueden llevar también un cordino.
Dentro de este grupo podemos incluir también el uso de cordinos anudados empotrados en fisuras. Este recurso ha de ser considerado casi en exclusiva como método de emergencia ya que no terminan de ser realmente fiables salvo en contados casos. En general, los empotradores, sean del tipo que sean, son poco utilizados en descenso de barrancos salvo para instalar desviadores o como único recurso a la hora de instalar un rápel.


Cabecera de rápel formada por un clavo y un
spit, unidos mediante una triangulación.
Instalación mejorable si se utiliza una
triangulación anudada, de tal manera que
trabajen los dos anclajes a la vez , tal y
como se muestra en el dibujo
.
Foto: Miguel Ortega

Imagen cedida por PETZL por cortesía de Vertical


Tampoco los clavos o pitones son anclajes demasiado utilizados. Todavía pueden encontrarse muchos en descensos poco realizados y constituyen un excelente recurso, cuando su uso es idóneo, por su rapidez de colocación.
Su uso es relativamente sencillo. Buscaremos una grieta o agujero idóneo donde, a martillazos, introduciremos el clavo. La experiencia nos dirá si el clavo está entrando bien al oír el sonido que produce al hacerlo. Este sonido, llamado "canto" es fácilmente identificable ya que se trata de un sonido que se va volviendo más agudo a cada golpe que damos. Lo más difícil quizá es acertar con el tipo de clavo a utilizar en cada tipo de fisura. Como norma general, deberemos de elegir un clavo adecuado a la profundidad de la propia fisura (y si no tenemos, colocarle una cinta con un nudo de alondra para evitar brazos de palanca peligrosos), que trabaje en palanca sobre la fisura y nunca en el mismo sentido que la tracción a la que va a ser sometido (por ejemplo, no utilizar un clavo que no sea el llamado universal en una fisura vertical)  y además, que sea de un tipo de material adecuado a la roca donde queremos situarlo, es decir, no utilizar clavos de acero duro en rocas blandas como la caliza.
Los clavos o pitones, sin embargo y sobre todo en barrancos de alta montaña sufren del mismo problema que cuando se usan en escalada, la gelifracción. Las grietas en las que son introducidos pueden verse alteradas por el mismo motivo que en montaña: las sucesivas contracciones debido a la formación de hielo en las fisuras que pueden hacer que terminen moviéndose e incluso saliéndose.

Existen varios tipos de clavos diferenciados por su forma o por el material en el que es están construidos:

 

Diferentes tipos de clavijas
Imágenes cedidas por PETZL por cortesía de Vertical
y extraídas del catálogo (o ficha técnica) PETZL.
Para ver la información completa referirse a dicho catálogo (o ficha) pulsando sobre la imagen

 

Uno de los tipos de anclajes más utilizados en general en muchos descensos lo constituyen los anclajes denominados de expansión. En este grupo podemos incluir los spits y los parabolts ya que aunque la forma de colocarlos varía en cada caso, la forma de trabajar es muy similar.


Spit Parabolt Químico
 Imágenes cedidas por PETZL por cortesía de Vertical
y extraídas del catálogo (o ficha técnica) PETZL.
Para ver la información completa referirse a dicho catálogo (o ficha) pulsando sobre la imagen
Anclaje Long-Life Chapas

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Conjunto de taco y chapa inviolable de RAUMER

Conjunto de anclajes químicos inox de Fixe

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Sección de roca mostrando
el funcionamiento de un spit
Foto: Rubén Manso


Los spits o tacos autoperforantes permiten por si mismos hacer el agujero donde van a ser colocados. Se roscan en el burilador, espitador o mandril y, a base de golpes de martillo van horadando el agujero donde serán colocados. Disponen de una serie de dientes que a cada golpe perforan unas décimas de milímetro la roca.
Se han de colocar en zonas donde la roca sea consistente y no presente fracturas. Deberemos de respetar una distancia mínima de unos 20 o 30 cm de cualquier fisura o borde de la misma y de otro anclaje . Elegiremos un lugar plano para que luego la chapa asiente perfectamente o bien trabajaremos la zona con ayuda del propio spit para conseguir esa zona plana o cama donde asentar la chapa.
Colocando el spit de forma perpendicular a la roca procederemos a golpear utilizando la maza. Los golpes deberán ser lo suficientemente potentes pero sin ser demasiado fuertes, es preferible muchos golpes con cierta contundencia que pocos con mucha. A cada golpe, giraremos un poco el mango con el fin de que cada diente ataque en una zona diferente a la anterior y, de vez en cuando, soplaremos en el agujero y daremos unos golpes al burilador para que se elimine el polvo acumulado dentro. 
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Cabecera de rápel formada por dos spits
unidos mediante un cordino.
Instalación no recomendable al no estar
los anclajes en la vertical del rápel.
Además el cordino no debería estar pasado
directamente sobre la chapa ni la argolla
Se debería de usar un maillón en cada uno
de los anclajes como elemento de unión
Foto: Rubén Manso

Perforaremos hasta que el propio spit esté introducido un par de milímetros en el agujero (exactamente 31mm de la longitud del spit + 2mm adicionales = 33mm), momento en el que lo ideal sería que sustituyéramos el spit utilizado para perforar por otro nuevo que no haya estado sometido a golpes e instalaremos la cuña complementaria dentro del spit que hará que se expansione al continuar golpeando sobre el mismo. Introduciremos de nuevo todo el conjunto dentro del agujero y comenzaremos a golpear hasta expansionar el spit y dejarlo a nivel de la roca. De esa manera, el spit se abocarda interiormente produciendo la suficiente resistencia como para que no se salga incluso si trabajara en la misma dirección de la tracción. Desenroscaremos el burilador y procederemos a roscar el tornillo con su chapa hasta ajustarlo, sin dar una excesiva presión de rosca, solo la suficiente para que no se afloje. Si tratamos de apretar mucho el tornillo podemos incluso conseguir que, si no se parte, al menos se debilite considerablemente. Con un cuarto de vuelta al tornillo para apretarle, una vez fijo, es suficiente. En este tipo de anclaje, la parte más débil es precisamente el tornillo. Su resistencia ronda los 600 Kg (siempre que sean de dureza 8.8, la aconsejable para este uso), (Ver Nota 3) mientras que las chapas pueden aguantar 2000 o más. De ahí la importancia de eliminar los brazos de palanca innecesarios y que la chapa asiente perfectamente en la roca.
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Diferentes tipos de chapas. Es recomendable
su uso combinándolo con un maillón
salvo cuando la anilla va unida a la chapa
Foto: Miguel Ortega


Desgraciadamente, muchas veces observaremos spits mal colocados sobresaliendo unos milímetros de la roca o chapas que no están bien asentadas sobre la roca. Esto debilita enormemente la resistencia del conjunto al crear brazos de palanca innecesarios y peligrosos.
Normalmente se le atribuye una vida de unos 10 años aunque en el medio en el que se desarrolla nuestra actividad, esta podría verse reducida drásticamente debido a la humedad, golpes, crecidas etc
Hoy por hoy, este tipo de anclajes debería ser utilizado casi exclusivamente como solución de emergencia ya que su seguridad es ampliamente superada sobre todo por los químicos e incluso por los parabolts en ciertos casos. Respecto a esta observación, si utilizamos parabolts y spits de la misma métrica, la resistencia a la cizalladura es muy similar, sin embargo a la extracción si cambia, siendo mejorada por el parabolt.

 

 
Spit con fisuras   Spit que saltó debido a su estado
y la baja dureza de la roca
Foto: Andrés Martí   Foto: Andrés Martí

 
Comentaremos también que los spits pueden ser colocados también mediante taladradora aunque en este caso, la última parte de la confección del agujero ha de ser hecha a mano para asegurarnos que el fondo del mismo queda plano y permite la correcta expansión de la cuña.

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Anclaje doble unido con cadena sobre parabolts
con tuerca redonda para dificultar su robo
Foto: Hilario Ubiedo

Existen también los llamados spits de máquina que básicamente consisten en lo mismo aunque no son autoperforantes y además la cuña es interior, va dentro del propio spit y se expansiona también a golpes aunque utilizando una especie de baqueta que ataca directamente a la cuña. Se han de colocar utilizando un spit autoperforante de su mismo diámetro o, preferiblemente, con una taladradora eléctrica o de gasolina. Su uso actualmente no está muy difundido. Una variación de estos spits podría ser el Long-Life de la marca PETZL (también existe un modelo similar de RAUMER), un taco no autoperforante que lleva incluida la placa y un espárrago interior que produce la expansión del mismo. Tiene la ventaja de ser antirrobo pero, en contra, la desventaja de no poder ser reemplazado fácilmente en caso de necesidad (Ver Nota 4).

Colocación de parabolts con taladro de gasolina.
Foto: Javier Rodríguez

El otro tipo de anclaje de expansión es el parabolt. Se trata de un espárrago roscado que puede tener simple o doble expansión. Existen en varias longitudes y diámetros, aunque nosotros usaremos generalmente el de 9 cm de largo y 10mm de grosor. La seguridad que aporta viene dada porque, aparte de su mayor resistencia a la extracción en caso de trabajar en la misma dirección y sentido inverso que la carga, en que tenemos más seguridad que con el spit de que está bien instalado por su forma de expandir y, en ciertos casos, es posible sustituir la chapa, en caso necesario, si ha sufrido algún golpe y ha quedado deformada. El inconveniente de su uso es que casi obliga a usar una taladradora para hacer el agujero ya que suelen ser bastante profundos como para hacerlos a mano. No obstante, en caso de necesidad, tampoco sería imposible (Ver Nota 5).
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Apriete de un parabolt utilizando una llave fija
Foto: Javier Rodríguez

La técnica de colocación se basa en hacer un agujero de la misma longitud (no importa tampoco que sea algo más largo) que el parabolt, respetando los mismos criterios que los comentados para los spits. Un vez hecho el agujero y limpio, introduciremos el parabolt con la chapa y la tuerca ajustada a ras del mismo hasta el fondo del agujero. Procederemos a roscar la tuerca hasta que aparezcan 3 o 4 hilos de la misma. Notaremos que cada vez cuesta más roscar pero no es recomendable superar el par de apriete forzando más expansión ya que lo que conseguiremos es debilitar el parabolt. Si con ese intento no conseguimos que quede bien fijo, lo mejor será hundirlo del todo en el agujero y proceder a instalar otro ya que significaría que no queda lo suficientemente seguro.

 

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Diferentes tipos de parabolt
1 - Parabolt FIXE de doble expansión M10 - 9 cm
2 - Parabolt HILTI M12 - 10 cm
3 - Parabolt FIXE M12 - 9 cm
4 - Parabolt FIXE M10 - 9 cm
5 - Parabolt FIXE recuperable M12 - 9 cm
6 - Parabolt FIXE M10 - 7 cm

Al margen, y como curiosidad, comentaremos que, en los albores de la actividad, se llegaron a utilizar lo que podríamos llamar antecesores de los anclajes de expansión actuales. En su versión más elaborada consistían en remaches de aluminio o hierro muy blando que eran remachados a golpes en agujeros realizados mediante ramplus o buriles. La versión casera consistía en simples tornillos de métrica 8 introducidos a mazazos en agujeros los cuales se utilizaban con chapas recuperables..
Todavía pueden verse alguno de estos anclajes en descensos muy antiguos. Ni que decir tiene que son totalmente desaconsejables incluso como anclajes de fortuna.

Dos tipos de buril de aluminio, el de la izquierda con cuña de expansión   Buril remachado   Tornillo introducido a mazazos
Dos tipos de buriles de aluminio, el de la izquierda con cuña de expansión  

Buril remachado. Puede observarse en la
imagen la existencia de una fisura en el
propio buril

 

Tornillo deformado a golpes y previsto para
utilizarse con chapas recuperables.

Foto: L. Mariano Mateos  

Foto: Andrés Martí

 

Fuente: http://www.safercliffs.org

 

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Anclaje mediante dos químicos
unidos por una cadena con argolla
Foto: Hilario Ubiedo


El tipo de anclajes que hoy por hoy ofrece más seguridad es el denominado químico. Se trata de unas varillas o tensores generalmente de 12 o 14 mm de diámetro y diversas longitudes, introducidos en la roca y fijados mediante una resina de dos componentes, la resina propiamente dicha y su catalizador. Este sistema ofrece muchas ventajas aunque también genera algún inconveniente al instalador.
Sus ventajas son que ofrece la mayor seguridad, que son inviolables (aunque no aguantan los ataques vandálicos), que al ser de acero inoxidable (lo idóneo) su duración es mayor y que se pueden utilizar en cualquier tipo de roca aunque su consistencia no sea la mejor como es el caso de las areniscas y conglomerados.
Los inconvenientes son que es necesario el uso de la taladradora para colocarlos, que su uso no es instantáneo (a diferencia de los anclajes de expansión ya que tenemos que esperar unas horas hasta que se produce el endurecimiento de la resina), que obliga a utilizar un sistema de mezcla de la resina frecuentemente (ya que su tiempo de uso es efímero) y otros artilugios y que su precio es superior al de otros anclajes. Además es imprescindible respetar los tiempos de secado y fraguado de las resinas y la fecha de caducidad de las resinas.
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Anclaje mediante químicos
Foto: Hilario Ubiedo


Existe la posibilidad de instalar varillas de acero de métrica 10 y de resistencia 8.8 roscadas y cortadas a la medida y utilizar resina para fijarlas y chapas de métrica 10, idénticas a las usadas con los parabolts.
El método de instalación de un anclaje químico es similar al del parabolt aunque varía un poco. Aplicaremos los mismos criterios que cuando colocamos un spit sobre el lugar de emplazamiento aunque, en este caso, es recomendable hacer el agujero con una pequeña inclinación hacia abajo de unos 10º a 20º en vez de totalmente perpendicular a la superficie de la roca. Hemos de efectuar un agujero de diámetro un par de milímetros mayor y de longitud igual o un poco mayor que la del anclaje a colocar. Una vez hecho el agujero, es imprescindible limpiar el interior del agujero soplando con un tubo de plástico o cualquier otro artilugio (aconsejable para conseguir una limpieza perfecta del orificio el empleo de una bomba manual con objeto de poder insuflar aire a presión en el interior del orificio) y utilizando un cepillo con las cerdas de metal para sacar el polvillo que existe en el interior y que perjudicaría la adherencia de la resina a la roca madre. Una vez bien limpio, introduciríamos la resina previamente mezclada empezando por el fondo del agujero y sacando la pistola progresivamente hasta rellenar el agujero para, posteriormente, introducir el anclaje (previamente desengrasado mediante el uso de acetona o similar) haciéndolo girar para repartir bien la mezcla y eliminar las posibles burbujas de aire. La zona de la soldadura del tensor ha de quedar hacia arriba. Esta es la parte más delicada de la instalación. Una cosa que es muy interesante de hacer es trabajar la zona donde se va a asentar la cabeza del anclaje de tal manera que se embuta en la roca con el fin de obtener la mayor resistencia. Después de la colocación del anclaje o anclajes químicos es totalmente necesario indicar con un cartel claramente la fecha en la que puede usarse ese anclaje.
El tiempo de uso o fraguado de la resina depende de la temperatura ambiental. A mayor temperatura, menor tiempo de uso o fraguado. Esto es importante a la hora de usarlas. Los fabricantes indican esos datos en sus productos y hay que leerlos atentamente. Normalmente, su uso está desaconsejado por debajo de los + 5ºC de temperatura ambiental.
Existen muchas resinas utilizadas para los anclajes químicos. Se pueden distinguir en varios tipos:

  • Epóxicas
    Toleran los mayores esfuerzos. La más conocida es el Sikadur-31 de la marca Sika. Sus inconvenientes es que se han de mezclar a mano y tiene poca vida útil desde su fabricación, un año (NOTA: la mayoría de las resinas tienen una caducidad de alrededor de un año. Es muy importante respetar esas fechas de caducidad) . Por contra, admite el uso de anclajes lisos, sin rosca o rebajes.

  • Poliéster
    No muy recomendables ya que son más apropiadas para materiales huecos. La más conocida es la HY 20, de Hilti.

  • Epoxi-acrílicas
    La más conocida es la HY-150 de Hilti que luego ha sido superada por la RE-500.

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Tensor de anclaje químico FIXE zincado y ampolla de resina

Como dato suplementario recomendar siempre el uso de anclajes fijos en acero inoxidable que, aunque más caros, aumentan la vida de los mismos notablemente dado que el medio en el que se desarrolla nuestra actividad es muy húmedo. Recordemos que la humedad es uno de los mayores enemigos de los anclajes junto a los golpes recibidos en las crecidas por las piedras y troncos. La oxidación y otros factores influyen en el deterioro y por tanto, duración de los anclajes. En este artículo, se detallan esos factores que afectan a los anclajes.

Fuerzas a las que son sometidas los anclajes.
Los anclajes han de soportar distintas fuerzas:

  • Tracción:
    Ejercida en la misma dirección pero sentido contrario al de su colocación. En otras palabras, si tiramos del anclaje hacia afuera, estamos sometiéndole a una tracción
  • Cizalladura:
    Ejercida en perpendicular al anclaje, es decir, sería la fuerza resultante cuando nos colgamos del anclaje.
  • Torsión:
    Ejercida al traccionar el anclaje en una posición diferente a su sentido de trabajo normal. O sea, si pretendemos hacer girar al anclaje
  • Compresión:
    Ejercida al presionar sobre el anclaje en la misma dirección y sentido de colocación. Es decir, empujando hacia adentro el anclaje

Parabolts debilitados a consecuencia de
crecidas, mala situación y ambiente salino.
Foto: Javier Rodríguez

Chapa arrancada tras una crecida. Se puede
observar que la rotura se ha producido en el
casquillo del spit a la altura del final del tornillo.
Foto: Miguel Ortega

A modo de resumen:

  • Sea cual sea el anclaje utilizado, siempre debería estar duplicado. Es decir un anclaje principal y un reaseguro o bien dos anclajes trabajando juntos y unidos mediante una triangulación a ser posible bloqueada con el fin de hacer trabajar a los dos anclajes a la vez, eso sí, respetando las distancias entre anclajes y con el ángulo menor de 60º en la cinta, cuerda o cordino que uniera los dos anclajes.

  • Todas las cabeceras deberían estar en la medida de lo posible fuera del alcance de las crecidas y/o posibles golpes debidos al arrastre de piedras durante las mismas.

  • Utilizar siempre anillas o maillones cuando se usen cintas, cuerdas o cordinos.

  • Evitar las cabeceras de los rápeles, en la medida de lo posible, dentro del propio cauce y con accesos lo más seguros posibles instalando, si es necesario, pasamanos para su acceso.

  • Utilizar siempre que se pueda anclajes de acero inoxidable.

  • No instalar nunca sin los conocimientos suficientes y mucho menos usando material no adecuado y, a ser posible, consultar con los distintos comités de equipamiento. Posiblemente, sus recursos puedan ser más numerosos que los nuestros.

  • No escatimar en material, nuestra seguridad depende de ello.

  • Ir provisto siempre de un mínimo de material que permita arreglar e incluso instalar nuevas cabeceras de rápel en caso necesario, incluso en descensos conocidos, nunca se sabe.

  • No desmontar instalaciones existentes. Quizá no sean necesarias en las condiciones de ese momento en el descenso, pensar que pueden ser excepcionales y sí ser necesarias en la mayoría de las veces. Al igual que si existe la posibilidad del salto, no creer que el mismo ha de ser obligatorio para todo el mundo. Probablemente, en un futuro, pueda ser el causante de algún accidente al forzar a saltar a personas sin conocimientos suficientes para realizarlos o bien, haber variado el caudal y no ser posible el mismo.

  • No sobre equipar descensos.

  • Informarse bien del uso del material antes de usarlo. Un uso inadecuado puede derivar en accidente.

  • Ante la menor duda sobre el estado de algún anclaje, sobre todo tratándose de cintas, optar por cambiarlo o reforzarlo.


NOTAS, COMENTARIOS Y OBSERVACIONES
Comentarios realizados por Andrés Martí

  • Nota 1: Siempre deberíamos utilizar los nudos más resistentes, es decir, los que menos resistencia le resten a la cuerda, especialmente si trabajamos con cuerdas de pequeño diámetro (cordinos), ya que en este caso los márgenes de resistencia se ven reducidos y una diferencia en la resistencia residual de tan sólo un 5% puede ser determinante. Sobre el pescador triple no conozco ningún estudio, únicamente tengo datos constatados sobre el pescador doble, que es el nudo de unión más resistente que existe. Hay que tener en cuenta que esa vuelta de más del pescador triple no necesariamente aumentará la resistencia del nudo, si no que en algunas circunstancias podría reducirla. Además, será necesaria mayor cantidad de cuerda para su realización y el volumen del nudo será superior, circunstancia que podría dificultar la correcta regulación de un sistema repartidor de cargas. Para saberlo a ciencia cierta se deberían realizar diversas pruebas de rotura monitorizadas en un dinamómetro. Siempre que unamos una cuerda del mismo diámetro el nudo más adecuado para ello será el pescador doble, por ser el más resistente, aunque también es el más difícil de deshacer, no obstante este factor en un anillo que va a quedar instalado de forma permanente no supone ningún problema. El nudo de cinta sólo se utilizará para unir cintas y no se empleará jamás para la unión de cuerdas, ya que su resistencia es muy inferior a la del pescador doble (disminuye la resistencia de la cuerda un 44%. El ocho trenzado si podrá utilizarse aunque su resistencia es inferior a la del pescador doble (disminuye la resistencia de la cuerda un 52%). VOLVER AL TEXTO

  • Nota 2 : Considero que el anillo de cuerda, cordino o cinta, sólo debería situarse en la base del tronco cuando el árbol no ofrezca la resistencia suficiente para situarlo más alto. Cuanto más bajo esté el anillo, en la mayor parte de los casos, los roces serán más acusados y la recuperación de la cuerda más difícil debido a los mencionados roces VOLVER AL TEXTO

  • Nota 3 : Cualquier tuerca o tornillo empleado en una placa deberá tener una calidad de acero mínima de 8.8 (siempre que no esté fabricado en acero inoxidable.) Este valor viene grabado en la cabeza del tornillo y nos informa de la resistencia a la cizalladura del material en kg por mm². Para obtener el valor exacto de cizalladura del tornillo, basta con multiplicar entre si los dos números grabados en la cabeza. Así un tornillo de 8.8 tiene una resistencia a la cizalladura de 64 kg/mm². VOLVER AL TEXTO

  • Nota 4 : No calificaría de desventaja el hecho de que el Long-life no pueda ser reemplazado tras su colocación. Un parabolt o un químico tampoco pueden ser reemplazados. El sistema de expansión del Long-life hace que el taco sea inviolable, lo cual unido a que está fabricado íntegramente en acero inoxidable, lo convierten en una de las mejores fijaciones existentes en el mercado para instalaciones permanentes. Probablemente sea tras las fijaciones químicas, el sistema de fijación de mayor calidad y sobre todo de mayor duración, con prestaciones muy superiores a las de los parabolts, en la mayor parte de los casos y con un sistema de expansión excelente que no adolece de los inconvenientes del sistema que montan estos últimos. VOLVER AL TEXTO

  • Nota 5 : Es muy importante que los modelos fabricados en acero inoxidable cuenten también con las chapas de expansión fabricadas en este mismo material, ya que de lo contrario con el tiempo las chapas terminarán corroyéndose pudiendo producirse una electrolisis como consecuencia de las diferentes aleaciones de los materiales y la fijación cogerá holgura en el orificio, pudiendo llegar inclusive a salirse del mismo ante un esfuerzo en sentido de extracción. Este mismo efecto también se produce en los modelos fabricados en acero normal y de forma más acelerada. Si se instala un parabolt debería dejarse siempre la placa adecuada junto al él, o como mínimo la arandela y la tuerca. No obstante siempre es aconsejable dejar la placa, ya que por la acción de enroscar y desenroscar la tuerca se acabará fatigando el material y hay que tener en cuenta que aquí no se fatiga un tornillo que puede ser sustituido en caso necesario, como sucede con las placas empleadas en los spits, si no que se debilita toda la fijación, con el riesgo que ello conlleva. Además el hecho de que la tracción siempre se realice sobre un mismo espárrago, favorece que con el tiempo el material se fatigue. VOLVER AL TEXTO


Más información:

RECOMENDACIONES:

    • Recordamos que instalar un descenso con anclajes es una tarea que debe ser estudiada concienzudamente. Existen varios comités en algunas federaciones como la aragonesa y la catalana que deberían de ser los encargados y supervisores de hacer los equipamientos y reequipamientos de los barrancos ya que hacen estudios sobre caudales y lugares óptimos de emplazamiento de anclajes. Estos datos son necesarios a la hora de hacer una buena instalación para evitar deterioros de la misma debido a crecidas o incluso para evitar zonas peligrosas por el caudal o morfología del descenso.

    • Nuestro consejo es que no se equipe nada sin consultar con ellos salvo en casos de extrema necesidad.

 


Nota importante:
Estos apuntes únicamente pretenden informar sobre el uso y colocación de los anclajes más conocidos y no deberían de ser utilizados como un manual sobre los mismos. Es necesaria e imprescindible una formación técnica sobre el material y su uso antes de proceder a utilizarlo. Un uso inadecuado o erróneo de los mismos puede derivar en accidente e incluso incurrir en causas penales


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